Hasta los años cincuenta, aquí llegaba el tren.
Se detenía frente a la pequeña estación,
que todavía sigue allí,
y luego volvía a bajar hacia el mar.
Su último viaje
lo hizo hace ya setenta años,
pero, a pesar de que ha pasado
tanto tiempo,
aquí todos lo siguen llevando en el corazón.
Están enamorados del tren,
lo quieren tanto
que a menudo hacen largos viajes
en coche o en autobús
solo para poder tomar uno.
Y no siempre lo consiguen.
